(Extracto del artículo)
EL DUQUE DE MANDAS:
Fermin de Lasala y Collado (1832-1917), duque consorte de Mandas y de Villanueva, nace en Donostia-San Sebastián en el seno de una familia acomodada. Su padre, D. Fermín de Lasala y Urbieta (1798-1853), fue alcalde de la ciudad, diputado foral, presidente de la Diputación (1844) y diputado a Cortes entre 1846 y 1853, además de secretario honorario del Rey (1847) y consiliario del Banco Español de San Fernando (1848-1849).
No es de
extrañar que la vida social y los contactos políticos de su padre le
permitiesen entablar relación con las personas más relevantes del país,
entrando muy joven de lleno en la vida pública. Fue también un hombre de
elevada cultura, versado especialmente en Historia, como lo prueban la
publicación de dos libros: Vicisitudes de la Monarquía Constitucional en
Francia (1877) y Ultima etapa de la Unidad Nacional: los fueros vascongados en
1876 (1924), y su elección en 1881 como individuo de número de la Real Academia
de Ciencias Morales y Políticas, en la que participó activamente.
Fallecimiento y Testamento:
El Duque de Mandas murió en Madrid el día 17 de diciembre de
1917, recibiendo tierra en el cementerio de Polloe de su Donostia natal, ciudad
con la que en ningún momento perdió contacto y en la que construyó una
"casa de campo" rodeada por un gran jardín a la que bautizó con el
nombre de Cristinaenea, en memoria de su mujer, Cristina Brunetti de los Cobos,
Duquesa de Mandas y de Villanueva y Condesa de Balalcazar.
María Cristina Fernanda Brunetti Gayoso de los Cobos:
(Madrid 1831 - Donostia 1914 ), Fue una
aristócrata española de origen italiano, que residió en Donostia . El parque de
Cristina Enea lleva ese nombre en su honor.
Cristina Brunetti XIV. Fue propietaria del Ducado de Mandas y Villanueva, así como del XVIII. También propietaria del condado de Belalcázar.
Se casó en 1859 con un donostiarra, Fermín Lasala , y así su marido
se convirtió en consorte del duque de Mandas y Villanueva.
Murió antes que su marido (sin descendencia).
Cuando murió Fermín Lasala, duque de Mandas, constaba en su testamento
que entregaba su palacio y los terrenos de alrededor a los donostiarras con
unas condiciones, una de ellas era que el parque debía llevar siempre el
nombre de su mujer, Cristina Enea. El Ayuntamiento de Donostia
aceptó la oferta en 1926.
Este matrimonio no tuvo descendencia, razón por la que en su testamento el Duque instituyó a la Provincia de Guipúzcoa, representada en su Diputación, como único y universal heredero, dejando instrucciones precisas sobre la administración de su legado.
Donaciones a la ciudad:
Algunas iglesias donostiarras también recibieron generosas
donaciones, gracias a las que se construyeron, por ejemplo, la torre de la
Iglesia de San Ignacio, en el barrio de Gros; los ventanales de la de San
Vicente, en la Parte Vieja y el Gran Órgano -10.000 tubos- de la hoy catedral
del Buen Pastor.
A su ciudad, representada por su Ayuntamiento legó, además
de una insignia de la orden del Toisón de oro, dos joyas, si cabe, más
preciosas: su biblioteca y Cristina-enea. El legado fue aceptado por el
Ayuntamiento de San Sebastián en sesión de 27 de marzo de 1918.
Demolición del cinturón de murallas:
Cristina-Enea comenzó a ser una realidad en la segunda mitad
del siglo XIX. Es un momento importante para la ciudad, pues es ahora cuando el
férreo cinturón de murallas -militarmente inoperantes- es demolido,
participando D. Fermín activamente en el movimiento ciudadano que gestionó los
permisos necesarios para acometer tal empresa, y quien tuvo el honor de
comunicar la aprobación del derribo mediante un telegrama enviado en abril de
1862 desde Madrid.
La ciudad, una vez liberada de las murallas, se extenderá
rápidamente por los terrenos arenosos ocupados en parte por las
fortificaciones, pasando su población de 15.000 habitantes en 1860 a 79.000 en
1930. Por estas fechas llega también el ferrocarril a Donostia-San Sebastián,
disponiendo sus instalaciones muy cerca de lo que será su residencia
donostiarra. El río no estaba canalizado, de forma que la mayor parte de la
superficie que hoy ocupa el ensanche de Cortázar, y los barrios de Gros y Amara
eran arenales o marismas inundadas, en parte, periódicamente por el mar.
Mirando desde la ciudad hacia tierra, una pequeña colina
destacaba en el paisaje. Tenía la forma de una reducida península formada por
el último meandro que describe el Urumea antes de desembocar en el mar.
Colina de Mundáiz:
Ya en el siglo XVIII se asentaba en la parte de la colina
más alejada de la ciudad la finca de Mundaiz, propiedad de la familia Olazábal,
dotada de un Palacio y de jardines; el resto de la loma estaba ocupada por una
serie de caseríos y huertas que D. Fermín comenzó a comprar a partir de 1863
con la intención de construir su casa y un gran jardín. Entre estas fincas se
encontraban nombres como Micaelene, Chicoene, Manuene, Manuelenea, Egañategui,
Toledochiqui, Leriñene y Torres, también adquirió terrenos a la Compañía de los
Caminos de Hierro del Norte de España.
Sobre los trabajos que en Cristinaenea se realizaron durante estos primeros años quedan como testigos las cuentas de la finca, celosamente guardadas en el archivo del Duque, actualmente custodiado en el tolosano Archivo General de Guipúzcoa. En ellas se detallan a lo largo de centenares de hojas, día por día, las personas que trabajaron en la misma, los salarios que recibieron y los trabajos que realizaron.
Extensión del parque cuando se entregó a la ciudad:
Cuando el parque fue entregado a la ciudad contaba con una
extensión de 78.979 m2, de los que 993 m2 correspondían a superficie edificada
-el palacio, capilla, cocinas, portería y dos casas más-. Los últimos terrenos
en ser agregados al parque fueron una pequeña parcela de 734 m2, sobre la que
están enclavadas la capilla y las antiguas cocinas; esta parcela fue reclamada
como suya por la baronesa de Lisingen y comprada por el Ayuntamiento en 1929.
En el año 1982 una parcela mucho mayor (15.300 m2), segregada de la casería
"Mundaiz" y situada igualmente en la parte trasera del palacio, fue
comprada por el Ayuntamiento a una sociedad que pretendía construir un centro
escolar en la finca.
El parque cuenta actualmente con una superficie de 94.960
m2, de los que 16.660 corresponden a viales, 1.300 m2 a edificios o ruinas y
780 m2 al estanque.
Uso del edificio:
La distribución actual del palacio es obra de una
rehabilitación realizada con objeto de convertir el edificio en sede de un
centro de recursos medioambientales. La distribución original, que databa de
1890, se debe a José de Osinalde.
Durante algunos años el palacio fue utilizado como
residencia por el Nuncio de su Santidad en sus visitas a San Sebastián, pero,
durante bastantes años, no estuvo en condiciones de uso. El jardín fue diseñado
por Pierre Ducasse.
Usufructo de la finca:
Que permaneciera durante algún tiempo en manos de su familia.
La primera beneficiaria del usufructo de la casa de campo
sería -en homenaje a la duquesa-, su cuñada Inés Brunetti. A su fallecimiento,
Cristina-enea pasaría a ser usufructuada por su hermano político José Brunetti,
duque de Arcos y su mujer Virginia Lowery y, por último, muertos éstos, por su
sobrina Berenguela Collado y del Alcázar, marquesa del Riscal y de la Laguna, a
cuyo fallecimiento debía cesar el usufructo convirtiéndose en propietario con
pleno dominio el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, con la condición que
éste cumpliera con una serie de estipulaciones.
En 1925, muerta Inés Brunetti, el resto de los
usufructuarios contemplados en el testamento del Duque -a los que se obligaba a
residir varios meses en Cristinaenea- manifestaron su voluntad de ceder sus
derechos sobre la finca al Ayuntamiento, que aceptó gustosamente tal cesión,
firmándose la misma el día 6 de julio de 1926.
Condiciones de uso del Parque:
Las condiciones a que se comprometía el Ayuntamiento al
aceptar el legado de Cristina-Enea fueron: conservar el nombre de Cristinaenea,
sirviendo exclusivamente como paseo, prohibiéndose "que se juegue en el
parque ni en las casas a juego alguno, sea la pelota, el foot-ball, las
quillas, la barra, sea la inmunda ruleta, a los caballitos, sea el clásico
tresillo... Prohibo se baile, solo permito que tres veces al año, en primavera
una vez, la segunda vez en verano, la tercera en otoño, toquen la banda
municipal y la militar o cante el Orfeón... Siempre ha de quedar cerrado
"Cristinaenea" al anochecer. No se tolerarán almuerzos, comidas ni
meriendas. Tampoco podrá haber puestos fijos ni vendedores ambulantes de cosa
alguna, ni siquiera de agua fresca. Cristinaenea muerto yo, ha de conservar el
carácter que hoy tiene, sin más novedad al cesar los usufructos que la de
entrar el público a pasear".
Prohibía el Duque igualmente la venta, permuta o hipoteca
del terreno o de los edificios, que solo se podrían reconstruir en caso de
ruina, no permitiendo la construcción de nuevas edificaciones, ni aún con
carácter provisional. Las viviendas del parque no podrían estar habitadas por
persona alguna que no fuera trabajador al servicio de la finca. Solo fija dos
excepciones: que la casa principal -que se lega con todo su contenido, y con la
prohibición de realizar cualquier cambio en su interior- pueda acoger durante
unas semanas a un jefe de estado o príncipe que llegue a San Sebastián para
visitar a la familia real, o bien servir de residencia al Obispo de la diócesis
en su visita a San Sebastián.
Con objeto de que el jardín permaneciese en su estado
originario, el Duque prohibía también la modificación de su trazado, así como
la tala de árboles y arbustos a menos que las mismas fueran consultadas
previamente a los Ingenieros de Montes del Estado de Guipúzcoa y Vizcaya.
El retrato de la duquesa, su mujer, tendría que ser
trasladado desde su casa de Madrid para ser colocado en lugar preferente en su
"casa de campo". Para el mantenimiento del parque legó además la
cantidad de dieciocho mil pesetas anuales.
© Juan Antonio Sáez



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